
2015
Enrique Ciapara (o The joy of living o la joie de vivre o la alegría de vivr)
Nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír
Eclesiastés
He visto y seguido con atención, durante nueve años seguidos, en mis viajes a Tijuana, dos veces al año, el proceso creativo, plástico, visual, de Enrique Ciapara. También he visto cuadros que pintó antes de ese tiempo. He encontrado, a partir de esa observación, algo fundamental en todo su recorrido hasta ahora: una gran coherencia artística. Esto no significa que no haya cambiado su trabajo en todo ese tiempo, sino que sus obras, aunque distintas, tienen el sello Ciapara. ¿En qué consiste ese sello? He aquí algunas ideas.
1. Hacia la monotonía en Ciapara.
La palabra monotonía casi siempre tiene una connotación negativa, peyorativa. Sin embargo, si tomamos la cita del poeta argentino Hugo Gola (cuando escribe sobre Juan L. Ortiz), y con ella definimos la obra de un pintor, tal pintor tendría que sentirse halagado de ser un pintor monótono. La cita de Gola:
"En su ensayo "Tienen razón los literatos", Cesare Pavese dice: "Todo auténtico escritor es espléndidamente monótono en cuanto en sus páginas rige un molde al que acude, una ley formal de fantasía que transforma el más diverso material en figuras y situaciones que son casi siempre las mismas". Si esta afirmación es verdadera, como realmente lo creemos, Juan L. Ortiz es, sin dudas, un auténtico escritor. Su tarea consistió siempre en transformar el diverso material a su alcance, vasto y renovado, en figuras y situaciones que son casi siempre las mismas, dando pruebas de una espléndida monotonía."
Tomamos al pie de la letra la cita de Gola y afirmamos que Enrique Ciapara es un auténtico pintor, ya que en sus cuadros rige una ley formal de fantasía que transforma el diverso material a su alcance en formas, espacios, figuras y líneas, que son casi siempre las mismas, dando pruebas de una espléndida monotonía, o coherencia formal.
2. ¿Cuál es el material a su alcance o los motivos con los que trabaja Ciapara?
a) El paisaje de Baja California. El campo con pocos árboles. Los espacios vacíos del campo con pocas cosas que lo pueblan, como una naturaleza muerta con mínimos elementos.
b) La arquitectura de Tijuana, los colores desgastados de algunas paredes, los colores deslucidos, la sutileza de los colores quemados por el sol. El verde tierra que cambió de tono hacia un verde pálido por el terrible sol del verano, por el rocío de invierno en Tijuana.
c) La arquitectura de nuevo: los planos yuxtapuestos de materiales encontrados, diversos, de triplay y plástico, hierro y aluminio que Ciapara ve, sin descanso, en la arquitectura provisional o espontánea en muchas de las colonias de Tijuana.
d) Otro material: los objetos de cocina: ollas, cazuelas, sartenes, palas para freír, cucharas, cucharones, pela verduras, batidores, son instrumentos que lo invitan a pintar. A veces encontramos estos instrumentos en sus cuadros, de forma plana, no imitativos, en dos dimensiones, esquemáticos, sintéticos. No es casual que su taller de grabado se llame La Brigada, refiriéndose a La brigade de cuisine, (la brigada de cocina) y que el logotipo de la misma sea el hueso de una pata de jamón serrano, obviamente, ya comido.
e) Los dibujos de rótulos que aún perviven en Tijuana, son fuente de inspiración para el pintor: denotan-connotan un espacio determinado, su lugar. También los letreros comerciales, las palabras chuecas escritas en los mismos, son un estímulo visual: diremos que los rotulistas o los dependientes de las tiendas en la ciudad que hacen esos letreros, expresan una visión de la vida, una manera de ser de una zona precisa, algo que Ciapara, como experto del ver, recoge y condensa en obras que llamaremos, de una belleza imperfecta, como quería Hugo Padeletti. Lo anterior, ya lo dijo de manera contundente el gran cineasta C.T. Dreyer, y esto se alínea a lo que hace el pintor tijuanense:
"Sin duda, estamos todos de acuerdo en que el cine, tal como lo conocemos hoy en día, no es perfecto. Pero eso es motivo de alegría, porque lo imperfecto postula la evolución. Lo imperfecto vive; lo perfecto está muerto, fuera de competición, no nos tenemos que preocupar por ello. En lo imperfecto hay miles de posibilidades en conflicto…
Nosotros, como espectadores de pintura, decimos que la belleza imperfecta en la obra de Ciapara, es un motivo de alegría.
















