
TrompeL'œil
La pintura de Enrique Ciapara recupera aquello que no le pertenece a la pintura y se articula como un lenguaje que no obedece a una gramática definida. Las palabras que vienen a nuestra mente cuando observamos su obra establecen un vocabulario de contornos y colores donde el círculo puede ser el origen de una idea, una manzana o una estrella.
La obra que se reúne en esta exposición describe un límite entre todas las posibilidades que se pueden encontrar más allá de lo que alcanzamos a ver, más allá del paisaje, en la dirección de las líneas, como la escritura en la oscuridad.
Ciapara parte de una certeza para convertirla en un mentira. El color es la medida de todas las cosas: el día es negro, la noche blanca y el cielo azul como una naranja. Pero antes de la pintura no hay nada definido. La pintura de Ciapara no representa lo que vemos sino lo que podemos llegar a ver. Como si las figuras o las formas perdieran su dimensión el equilibrio y tuviéramos que empezar de nuevo.
Cada obra representa la primera imagen que da origen a las demás. En cada cuadro vuelven a aparecer los colores, los árboles o las sillas. La pintura forma parte de la naturaleza, como un elemento más que completa la realidad. Es la primera imagen que tenemos de nuestra infancia. Es la primera imagen de la sensación de la velocidad como un atributo del color.
Todo se puede pintar. Todo está afuera, como el paisaje que atraviesa la ventana cuando viajamos en un tren. Es una imagen que no tenemos de frente sino de lado y que de repente, de una manera misteriosa, se hace visible. Tal como sucede con los colores del arco iris que se confunden entre sí. Por la pintura sabemos que el arco iris no es, por esencia, ni en la lluvia ni en el ojo que lo ve, si bien es generado por la lluvia, por el sol y por el ojo.
Ver es una manera de caminar. Recorrer los caminos donde los recuerdos se ordenan a partir de la similitud entre una forma y otra, entre un árbol y la imagen de la sombra de ese árbol. En esta simultaneidad, Ciapara confunde la parte con el todo y su obra, como el arco iris, se proyecta como un trompe l'œil:
Es así como la piedra que al agua fue arrojada se hace centro y motivo de numerosos círculos y así como el sonido se difunde en círculos a través del aire, así también un cuerpo dispuesto en el aire luminoso se expande circularmente y colma a las partes circundantes de sus infinitas imágenes, pareciendo completo en el todo y completo en la menor de sus partes. (Leonardo da Vinci, Tratado de la pintura, 68 [A. 9b]).
Alberto Dilger
Curador
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